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Los padres de familia necesitan más apoyo. Cuando las familias no tienen acceso a guarderías u otras vías de cuidado infantil, no hay sorpresa, los padres simplemente no pueden ir a trabajar. Y el sector de cuidado infantil se vio muy afectado por la pandemia. Ahora hay menos guarderías y centros de cuidado infantil y menos cupo para los niños; la organización Center for American Progress indica que hay hasta 4.5 millones de plazas menos debido al cierre de programas por la pandemia. Como resultado, familias han perdido sus trabajos y hay menos dinero disponible para poner comida sobre la mesa o hacer los pagos de alquiler o hipoteca. La economía sufre. Los programas como el crédito tributario por hijos y la cobertura universal de las guarderías protegen y apoyan no solo a las familias con hijos pequeños, sino a todos nosotros, porque todos sufrimos cuando padres y madres de familia abandonan sus trabajos en mesa.


Lo que se requiere de las madres hoy en día no es sostenible. Como dice la socióloga Jess Calarco, "Otros países tienen medidas de protección social. Los Estados Unidos tiene mujeres”. Las madres, ya desfavorecidas en el trabajo y sobrecargadas por el cuidado de los niños y las tareas domésticas, han tenido que asumir nuevas funciones como coordinadoras de aprendizaje a distancia y administradoras de las normas de seguridad COVID, a menudo a costa de sus carreras profesionales. Entre marzo y abril del 2020, unos 3.5 millones de madres con hijos en edad escolar dejaron de trabajar. Aunque muchas han regresado desde entonces, otras no lo han hecho. Y, como es de esperar, estas pérdidas no han sido equitativas: madres de la comunidad negra, latina e indígena y madres con salarios más bajos y las que son las únicas asalariadas en su familia abandonaron la fuerza de trabajo en mayor número que las demás.


Los niños (y todos los humanos) necesitan interacción real. La tecnología nos ayudó a seguir adelante el año pasado, pero no puede hacerlo todo. Apenas estamos empezando a ver el verdadero alcance de los efectos de la pandemia en la salud mental de los niños. Ahora que empezamos a salir de nuestras burbujas, es un buen momento para pensar en alejarnos de las pantallas y reconectar con otras personas al estilo 2019, cara a cara y no por Zoom.


Aunque nos alejemos de las pantallas, necesitamos desesperadamente una mejor tecnología educativa. Cuando las escuelas cerraron la primavera pasada, los educadores tuvieron que apañárselas para crear soluciones de aprendizaje virtual fragmentarias que incluían un montón de programas y softwares distintos. Pero todos los diferentes enlaces y aplicaciones resultaron confusos y añadieron más ansiedad a una situación ya de por sí abrumadora. En el futuro, no debería haber ninguna excusa, y las escuelas deberían poder incluir a los estudiantes que necesiten ausentarse por cualquier motivo a lo largo del año.


Todo el mundo debería tener Internet de alta velocidad. Los niños no deberían tener que sentarse a la puerta del McDonald's para asistir a sus clases en línea. Asegurémonos de que todos tengan servicio de Internet de alta velocidad y que cubra a las comunidades rurales con la misma eficacia que a los centros urbanos. Y, de paso, hagamos que sea gratuito para todos.


Los buenos maestros valen oro. Bueno, esto ya lo sabíamos. ¿Recuerdas cuando los niños estaban en casa por más de cinco minutos y ya habías tenido más que suficiente de jugar al maestro? Nosotros también. Muchos maestros y profesores se lucieron con su extraordinaria creatividad y resiliencia este año y debemos pagarles más. La pandemia nos ha enseñado las grandes desigualdades de nuestro sistema educativo, en el que algunos estudiantes tuvieron acceso a buenos maestros que hicieron todo lo posible para garantizar que sus estudiantes siguieran aprendiendo a pesar de las interrupciones escolares, mientras que otros estudiantes desaparecieron por completo de la escuela o se retrasaron muchísimo debido al limitado acceso de tecnología y escasas oportunidades de aprendizaje a distancia.


Podemos encontrar nuevas formas de trabajar. No debería haber hecho falta una pandemia para darse cuenta de esto, pero a veces todos necesitamos un pequeño empujón, ¿verdad? En este caso, todos hemos visto que mucha gente puede trabajar a distancia y seguir teniendo éxito en su trabajo. Los que tengan que trabajar en persona también pueden beneficiarse de turnos más flexibles y opciones creativas que les permitan trabajar en torno a sus obligaciones familiares y personales. Y todo trabajador, ya sea asalariado, de turno, por contrato, o como sea que trabajen, merece tener tiempo libre pagado y seguro médico.


La confianza y el compromiso con la comunidad deben estar al centro de nuestras instituciones. Ya sea el debate sobre la reapertura de las escuelas o el acceso a las vacunas, existen claros indicios en algunas comunidades, especialmente en las de color, de que mucha gente no confía en que los sistemas existentes los mantengan seguros. En lugar de ignorar estas preocupaciones, los distritos escolares y los sistemas de salud deben invertir en formar relaciones más sólidas, prestar atención y escuchar a las diferentes comunidades y establecer estrategias que aborden las preocupaciones de estas comunidades individuales.


No hay nada prometido. ¿Quién de nosotros imaginó alguna vez que nuestras escuelas podrían simplemente... cerrar, durante un año o más? Nuestras instituciones son frágiles. Nuestras comunidades son vulnerables. Y cuando miramos alrededor del mundo sufriendo por una pandemia queaún sigue causando estragos, el mensaje es alto y claro: Solo estamos seguros y protegidos si nuestros vecinos, tanto en casa como en el extranjero, lo están.

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